miércoles 10 de septiembre de 2008

Líquido

Llegué del cielo a este mundo, como supongo que llegan algunos, de una forma grácil y veloz, ya que al abrir mi visión, me encontraba ya posada en la hoja de un árbol.
Me sentí muy cómoda, la sentía como mi hogar y ella se acostumbró rápidamente a mí, con la facilidad con que los lirios se acostumbran a los sapos y las ramas a las aves.
Era feliz y por un tiempo pensaba que no necesitaba más, nada además de esa seguridad y comodidad simples. Eso y poder vivenciar por ese momento, que para mí era una vida, la belleza de la vitalidad de los demás seres. Porque si con algo me identifico yo es con la vida.
Sin embargo, me ganó la curiosidad y detenidamente, paso a paso, me fui deslizando para ver lo que se encontraba debajo de mi hogar.
Fue en ese momento que se produjo una gran exaltación en mí: miedo, regocijo, pero sobre todo, expectación. Había un mundo de seres iguales a mí. Me dediqué a observarlos por un rato y fue cuando me encontré con él. Noté que por fuera, todos somos exactamente iguales, pero por dentro poseemos partículas que nos hacen claramente diferentes. Y como somos transparentes, entre nosotros podemos ver algo de ese interior diferenciado.
Los momentos iban pasando por el tiempo y nos hicimos amigos. Él me invitaba a saltar de mi hoja y unirme con ellos, pero yo me sentía tan a gusto en mi hogar...y sentía miedo de perderme en aquella inmensidad de seres, ya que tal vez no estaría tan cómoda y habría peligros.
El sol iba subiendo en lo alto y comencé a experimentar una sensación de sofocamiento. Fue entonces cuando él se alarmó y me insistió en que saltara. Me decía que no tuviera miedo y que él me acompañaría en mi travesía.
Como la sensación de ahogo en mi hogar empezó a ser insoportable, accedí y salté.
Estando ya abajo, él se me unió y experimenté una sensación muy agradable, un gran confort. Pude ver con mayor claridad en su interior, y comprendí que era tan igual a mí, tan diferente a los demás, que llegué a pensar que lo distinguiría de entre la multitud aunque hubiera un océano entre nosotros.
Él me enseñó lo que había aprendido en su corta vida, me dio una gran seguridad y comenzamos a separarnos en ocasiones. No puedo negar que sentía un poco de temor cuando lo hacía, pero me daba la oportunidad de conocer a tantos seres, de experimentar tantas vivencias y aprender tantas cosas sobre la vida, la muerte, el amor, en fin, de las cosas importantes, que poco a poco comencé a separarme con más alegría.
Así pues, en ocasiones fuimos felices y a veces tristes, juntos y por separado, porque aunque seamos agua, somos dos gotas de agua diferenciadas que se pueden juntar y separar cuando lo decidan.
Y fueron esas separaciones las que hicieron que al volver a unirme a él, nuestra relación fuera tan maravillosa, por tener tanto que compartir y enseñar el uno al otro de lo que habíamos aprendido. Además, el conocer a otros seres, me hacía apreciarlo aún más por lo único y especial que era y volver a él era volver a mi hogar, con toda la calidez que eso implica.
Por lo que, el no tener la necesidad de tener que estar juntos todo el tiempo para estar seguros de lo que sentíamos el uno por el otro, sino que era una libre elección de ambos, es lo que hacía nuestro amor cada día más grande, y sobre todo, más estable.
Por no ser sólo un sentimiento, sino una decisión.

Dedicado a todos aquéllos que no viven en una co-dependencia y a quienes aman desde lejos.

jueves 21 de agosto de 2008

Extraño


Como ave en el desierto, me encuentro en un hábitat que desconozco.
Veo a mi paso caras de diferentes tonalidades. Rasgos distintos a los míos.
Escucho voces que no comprendo.

¿Sólo se le podrá denominar como extraño a algo raro?
¿O también a algo que resulta desconocido?

La mayoría podría hablar un mismo idioma, pero cada cual habla con sus allegados en su lengua materna.
¿Será porque existen emociones e ideas que solamente se pueden expresar en el idioma de nuestra tierra?
¿Y si es así, qué tan confiable será lo que nos transmitimos en otro idioma que no es el nuestro?

La gente es amable, pero a distancia se observa que sus costumbres son distintas. Sus arquetipos ancestrales son diferentes a los míos.

Las hojas de los árboles son del mismo color.
La tierra tiene la misma consistencia.
Las gotas de lluvia se deslizan como hilos de cristal por las ventanas como en otras ventanas.
Pero... no se percibe el mismo aroma.
No se degustan los mismos sabores.
No se siente la misma calidez de mi hogar.


Sin embargo, cada día aprendo que mi hogar no es el mundo, sino que hay muchas ideas, costumbres, atuendos e idiomas diferentes y lo maravilloso es que, en esencia, todos somos iguales…todos tenemos el mismo repertorio de sentimientos.

sábado 16 de agosto de 2008

Breve relato de un sueño

Julia entra a un nuevo empleo donde conoce a otra mujer, llamada Karen, a la cual considera interesante y altamente exitosa. Rápidamente nace un gran afecto hacia Karen y comienza a admirarla. Karen le insinúa que sería muy recomendable coquetearle al jefe y tratar de entablar una relación amorosa con él, ya que es un "gran partido", es "muy bueno" y todo esto le abriría puertas.
Por su gran admiración hacia ella, Julia le hace caso inmediatamente e inicia una aventura con su jefe. Después, se entera de que Karen también se acuesta con él, por lo que se siente dolida y confundida.
Cuando va a visitarla a su departamento para reclamarle, Karen se burla de ella, y lo que más le duele a Julia, no es tanto que se acueste con el jefe, sino que ve destrozado su sueño de haber entablado una gran amistad con otra mujer a la cual admirara.
Conforme escucha las burlas y risas de Karen, el dolor se convierte en enojo, el enojo en coraje y el coraje en ira. La ira pasa a ser ciega y Julia asesina a Karen pegándole en la cabeza con el pequeño perchero metálico, de toallas de mano, del lavabo del baño. Karen se cae en la tina, la cual pasa de ser blanca a roja en cuestión de segundos.
Julia se queda simplemente mirando el rojo que resalta en la blancura del baño del departamento de su ex-amiga.
A su mente sólo viene un pensamiento: El rojo es un bello e hipnótico color.
Fin del sueño.
(Simplemente fue algo que soñé ayer. Sólo añadí los nombres para no causar confusión. Porque en mi sueño, no los había).

Una disculpa

Solamente para ofrecer una breve disculpa por estos dos meses y medio de inactividad, los cuales se dieron debido a grandes cambios en mi vida, tal como refiero en mi entrada anterior. Muchas gracias a todos los que me han leído a lo largo de este recorrido y saludos nuevamente...Con mucho cariño: Diluna.

miércoles 28 de mayo de 2008

Horizonte sin destino


Miro al horizonte y desconozco si mi destino está sellado.

Veo un cielo negro cubierto de brillantes posibilidades en él.

Todo está dicho y nada es seguro.

Mi sentimiento es de angustia y de profunda alegría a la vez.

Mis sueños son felices y añorantes a la par.

Risas y nostalgia, emoción y temores.

Todo será nuevo e interesante, pero desconocido.
Cambio y temor, temor al cambio.

Personas que estarán lejos y nuevos rostros que se integrarán a mi esquema.

El comienzo de una nueva era.

En este cúmulo de años que llamamos vida.

jueves 15 de mayo de 2008

Un punto sin retorno (La contraparte)

Llegas por la noche como siempre y te quitas el saco. Con la mirada perdida.
Te hablo y contestas en automático. Robotizadamente. Como todos los días.
Cada vez siento en mayor medida que te miro a través de un telescopio. Que me encuentro a años luz de tu conciencia.
Te recuestas a mi lado. Percibo otro perfume en tu cabello. Otro sabor en tu piel.
Siento náuseas.
Náuseas, pero no por el asco de pensar en alguien más, sino náuseas al experimentar esa sensación de vértigo en mi estómago y esa opresión en mi pecho.
Esas sensaciones físicas que acompañan las emociones humanamente más intensas.
En este caso... las más desgarradoras.
Cuando te conocí, quedé deslumbrada por tu personalidad.
Tan misterioso, tan atractivo, tan seguro de sí mismo. Tu mirada penetrante me cautivó. Con esos ojos que se clavan en mi alma como afiladas lanzas.
Gradualmente fui experimentado este muro entre nosotros que no me deja saber qué sientes.
Pensé que con el tiempo llegarías a confiar en mí... creí que tu corazón se abriría con la llave de mi cariño, pero no fue así.
Qué ingenua fui. Ahora es demasiado tarde.
Posteriormente, comenzaste con tu danza de las llegadas tarde, de las llamadas telefónicas por los rincones.
Comencé a comprender lo que ocurría, pero mi inseguridad me imposibilita para enfrentarte.
Siempre he sentido que eres superior a mí, que eres más valioso que yo.
Creo muy en el fondo, que no merezco que alguien como tú me ame solamente a mí.
No creo valer lo suficiente.
Aprendí bien de mi padre que es muy difícil que un hombre ame solamente a una mujer. Y no creo ser tan valiosa como para ser la excepción.
Pero nadie conocerá esta verdad. Ni siquiera yo misma.
Sin embargo, tus salidas me desgarran...tus mentiras y omisiones agrietan mi corazón que se desangra día con día.
Me falta el aire cada que llegas tarde.
Sé cuál es la verdad, pero no quiero escucharla de tu boca.
Porque no tengo el suficiente valor para dejarte. Simplemente... no podría vivir sin ti.
A final de cuentas, te amo.
Te amo por lo que eres y por lo que me das.
Aunque se lo des también a alguien más.
Te amo...aunque sé que nunca serás solamente mío.

"Corazón, corazón oscuro.
Corazón, corazón con muros.
Corazón que se esconde,
corazón que está dónde,
corazón, corazón en fuga.
Herido de dudas de amor". Silvio Rodríguez

jueves 8 de mayo de 2008

Un punto sin retorno (Parte I)


Otro día más que te he mentido con los labios, pero no con la mirada.
Mi mirada que esquiva la tuya cuando me cuestionas inocentemente.
Otro día más que he vuelto a tener un perfume que no es el tuyo y me alejo para que la brisa no me traicione, al contarle la verdad a tu nariz.
Tú ya conoces la realidad, pero esa venda en tus ojos se ha acostumbrado a ti.
Otro día más, otra mujer más, una mujer cualquiera.
Una mujer que auxilia a los hombres duros como yo, que buscan desesperadamente que su corazón no se derrita. Que su corazón no llegue a sentir jamás que necesita de una mujer para sobrevivir.
Porque he aprendido que si eres cálido, el sufrimiento te puede acabar.
Así que aunque hace diez años te haya prometido fidelidad, mi instinto de supervivencia se encuentra por encima de mi palabra.
Perdóname...por no poder olvidar mi vida anterior, por no abrir mi corazón.
Perdóname...por mantenerlo cerrado, probando camas ajenas que me ayudan a alejarme de ti.
Porque eso es lo único que evita que llegue a perderme (enamorarme en verdad) por (de) ti.
Imagino que tu sufrimiento debe ser grande.
Pero créeme que cuando un corazón no se permite amar de verdad...sufre aún más.
Pero este sufrimiento jamás será contado. Ni siquiera me lo contaré a mí mismo.
Porque nada asusta más que un corazón blando.
Por eso mi corazón permanecerá congelado.
Aunque eso no significa que no te ame, en la medida en que yo puedo amar.
"Y me envenenan los besos que voy dando,
y sin embargo cuando duermo sin ti, contigo sueño..." Joaquín Sabina